
Imagina que hoy te dan a elegir entre recibir un millón de euros ahora mismo o un céntimo que dobla su valor cada día durante un mes. La mayoría de la gente, llevada por la impaciencia, elegiría el millón. Sin embargo, si eligieras el céntimo, al final de los treinta días tendrías más de cinco millones de euros. Esta es la magia del interés compuesto, la fuerza más poderosa del universo según Einstein y el cimiento sobre el que un hombre construyó la mayor fortuna jamás vista en los mercados financieros partiendo de cero.
Warren Buffett no es solo un nombre en la lista de los más ricos de Forbes. Es un fenómeno que desafía la lógica de Wall Street. Mientras los genios matemáticos usan algoritmos de alta velocidad y superordenadores para ganar dinero en microsegundos, él se sienta en su oficina de Omaha, una ciudad tranquila de Nebraska, lejos del caos financiero, y lee informes anuales durante horas mientras bebe una Cherry Coke. No usa ordenador en su mesa ni tiene un terminal de Bloomberg.
Pero, ¿cómo es posible que un método tan “antiguo” siga batiendo a los mejores cerebros del mundo año tras año? Existe un ingrediente secreto en su receta, algo que la mayoría de los inversores pasan por alto y que ha sido la clave para que su empresa, Berkshire Hathaway, pasara de ser una fábrica de textiles moribunda a un imperio que posee desde ferrocarriles hasta compañías de seguros y una parte gigantesca de Apple. Si sigues leyendo, descubrirás no solo qué compra Buffett, sino cómo piensa, por qué se alegra cuando el mercado cae y cuál ha sido el error que le costó miles de millones de euros y que tú podrías estar cometiendo ahora mismo.
Los cimientos del Oráculo de Omaha
Para entender a Warren Buffett, primero debemos entender que él no se considera un “apostador” de bolsa. Él no compra gráficos ni líneas que suben y bajan. Él compra negocios. Esta distinción parece simple, pero es la base de todo su éxito. Buffett aprendió esta filosofía de su mentor, Benjamin Graham, el padre del Value Investing o inversión en valor.
Graham le enseñó que el mercado de valores es como un socio maníaco-depresivo al que llamó “Mr. Market”. Un día, Mr. Market se levanta eufórico y te ofrece sus acciones a precios carísimos. Otro día, se levanta deprimido y te las ofrece por una miseria. El truco de Buffett es no dejar que las emociones de Mr. Market le afecten; él solo compra cuando el precio está muy por debajo de lo que el negocio realmente vale.
Desde muy pequeño, Buffett mostró una habilidad inusual para los negocios. A los seis años, compraba paquetes de seis Coca-Colas por 25 centavos y las vendía individualmente por 5 centavos cada una, obteniendo un beneficio del 20%. No buscaba el “pelotazo”, buscaba la rentabilidad constante. Esa mentalidad de tendero es la que aplica hoy a empresas que valen billones de dólares.
La estrategia del valor intrínseco y el margen de seguridad
Uno de los conceptos que Buffett ha repetido hasta el cansancio es el del margen de seguridad. Imagina que tienes que construir un puente por el que van a pasar camiones de diez toneladas. No construyes el puente para que aguante exactamente diez toneladas; lo construyes para que aguante treinta. Así, si un camión viene con algo de sobrecarga o el clima es malo, el puente no se caerá.
En la inversión, el margen de seguridad es la diferencia entre el precio de una acción y su valor intrínseco. El valor intrínseco es lo que realmente vale la empresa si sumamos todo el dinero que generará en el futuro y lo traemos al presente. Si una empresa vale 100 euros por acción, Buffett intentará comprarla a 70 o 60. Si se equivoca un poco en sus cálculos, todavía tiene ese “colchón” de seguridad que evita que pierda dinero. Su regla número uno siempre ha sido: “Nunca pierdas dinero”. Su regla número dos es: “Nunca olvides la regla número uno”.
El foso económico o por qué algunas empresas son castillos invencibles
Buffett busca lo que él llama un Economic Moat o foso económico. Imagina que una empresa es un castillo. En el mundo del capitalismo, siempre habrá competidores que querrán asaltar ese castillo para quedarse con sus beneficios. El foso es la ventaja competitiva que mantiene a raya a los enemigos.
Un foso puede ser una marca poderosa que todos reconocen, como Coca-Cola o Disney. También puede ser el hecho de que sea muy caro o difícil para los clientes cambiarse a la competencia, como ocurre con el software de Microsoft o los ecosistemas de Apple. Otro foso es ser el productor de menor coste, como Walmart. Si una empresa no tiene un foso claro y profundo, Buffett no se interesa por ella, porque sabe que tarde o temprano la competencia destruirá sus beneficios.
El círculo de competencia: saber cuándo decir no
Una de las mayores virtudes de Warren Buffett no es lo que hace, sino lo que decide no hacer. Él vive bajo el concepto del “círculo de competencia”. Esto significa que solo invierte en cosas que entiende perfectamente. Durante la burbuja de las “punto com” a finales de los noventa, todo el mundo se reía de él porque no compraba empresas tecnológicas. Decían que el Oráculo de Omaha estaba acabado y que no entendía la nueva economía.
Buffett se mantuvo firme. No entendía cómo esas empresas de internet iban a ganar dinero a largo plazo, así que no invirtió ni un céntimo. Cuando la burbuja estalló y miles de inversores perdieron todo, Buffett salió ileso. Él prefiere negocios sencillos: empresas que fabrican ladrillos, que venden seguros, que transportan mercancías por tren o que fabrican dulces. Si no puedes explicar a qué se dedica una empresa en tres frases de forma que un niño lo entienda, probablemente no deberías invertir en ella.
El poder del interés compuesto y la paciencia extrema
La fortuna de Buffett no se hizo de la noche a la mañana. De hecho, más del 90% de su riqueza actual la consiguió después de cumplir los 65 años. Esto es algo que choca frontalmente con la mentalidad actual de querer hacerse rico rápido. Buffett es un maratoniano en un mundo de esprintadores.
El interés compuesto funciona como una bola de nieve que rueda por una colina. Al principio es pequeña y avanza lento, pero a medida que baja, va recogiendo más nieve y su tamaño aumenta de forma exponencial. Para que esto funcione, necesitas dos cosas: tiempo y no interrumpir el proceso. Buffett ha mantenido algunas de sus acciones durante más de treinta o cuarenta años. No le importa lo que pase con el precio de la acción mañana o el mes que viene; le importa dónde estará la empresa dentro de veinte años.
Las mentes que forjaron al genio: socios y figuras clave
Detrás de cada gran fortuna suele haber un equipo invisible, y en el caso de Warren Buffett, su éxito no se explica solo por su brillantez personal, sino por las personas de las que decidió rodearse. Buffett siempre dice que somos el promedio de las cinco personas con las que más tiempo pasamos, y él eligió a gigantes. Si quieres entender cómo pasó de ser un chico que repartía periódicos a una leyenda viva, tienes que conocer a quienes le susurraban al oído (o le gritaban verdades incómodas) cuando tenía que tomar decisiones de miles de millones de euros.
Charlie Munger: el “abominable no” y el arquitecto de Berkshire

No se puede hablar de Buffett sin mencionar a Charlie Munger, su socio y mejor amigo durante más de seis décadas. Si Buffett era el motor de Berkshire Hathaway, Munger era el sistema de navegación. Antes de conocerlo, Warren seguía a rajatabla la técnica de su mentor Graham: comprar empresas mediocres pero extremadamente baratas (las famosas “colillas de puro”). Fue Munger quien lo convenció de que era mucho mejor comprar un negocio extraordinario a un precio justo que un negocio justo a un precio extraordinario.
Munger era famoso por su brutal honestidad. Buffett solía llamarlo el “abominable hombre del no”, porque Charlie tenía una capacidad increíble para encontrar el fallo lógico en cualquier inversión en segundos. Mientras Warren era optimista y analítico, Charlie aportaba una visión multidisciplinar, mezclando psicología, física y derecho para entender los mercados. Juntos formaron la pareja más letal de la historia financiera porque se complementaban: donde uno veía un balance, el otro veía un sistema humano complejo.
Benjamin Graham: el profesor que le dio el mapa
Si Munger fue su compañero de viaje, Benjamin Graham fue quien le dio el mapa y la brújula. Buffett fue su alumno en la Universidad de Columbia y, según se cuenta, fue el único estudiante al que Graham le puso un sobresaliente alto. Graham le enseñó las dos reglas de oro que mencionamos antes y, sobre todo, le dio la estructura emocional necesaria para no volverse loco cuando la bolsa sube o baja sin sentido.
Buffett llegó a trabajar gratis para Graham solo por el privilegio de aprender de él. De su profesor aprendió que una acción no es un papel con el que se comercia, sino una participación en la propiedad de un negocio real. Esta idea, que hoy nos parece básica, fue revolucionaria en su momento y es lo que separa a un inversor serio de alguien que simplemente está apostando en un casino con pantalla de cristal.
Susan Buffett: el pilar emocional y la conciencia social
A menudo se olvida el papel de Susan Buffett, su primera esposa, pero ella fue fundamental para que Warren no se convirtiera en una “máquina de calcular” fría y aislada. Susie fue quien lo introdujo en los círculos sociales y quien suavizó su carácter. Ella comprendía que la riqueza de Warren no tenía sentido si no servía para mejorar el mundo.
Aunque vivieron separados durante gran parte de su vida adulta, mantuvieron una relación de profunda amistad y respeto hasta la muerte de ella. Fue Susie quien sentó las bases de la filantropía que hoy define el legado de Buffett. Sin su influencia, es muy probable que el Oráculo de Omaha nunca hubiera decidido donar su fortuna a causas sociales, un gesto que ha inspirado a otros multimillonarios a través de iniciativas como The Giving Pledge.
Bill Gates y el puente hacia la tecnología
En las últimas décadas, su amistad con Bill Gates también ha sido crucial. Aunque pertenecen a mundos distintos —Buffett evita la tecnología y Gates la creó—, ambos comparten una curiosidad intelectual insaciable. Gates ayudó a Buffett a entender mejor cómo el software y la tecnología estaban cambiando el foso económico de las empresas modernas. Esta relación fue, probablemente, una de las semillas que permitió que un inversor de la “vieja escuela” como Buffett terminara sintiéndose cómodo invirtiendo en empresas como Apple o Amazon, algo que años atrás habría parecido imposible para él.
Los grandes éxitos: cuando la visión se hace realidad
Para entender cómo Warren Buffett se convirtió en el mejor inversor de todos los tiempos, no basta con mirar su cuenta bancaria; hay que analizar las jugadas maestras donde puso su dinero cuando nadie más se atrevía. Estos éxitos no fueron fruto de la suerte o de un soplo de pasillo en Wall Street. Fueron el resultado de una paciencia casi sobrehumana y de una capacidad de análisis que le permitía ver diamantes donde otros solo veían piedras. Cada uno de estos casos es una lección de vida sobre cómo funciona el dinero de verdad.
See’s Candies: el negocio que cambió su mente
Si hay una inversión que marca un antes y un después en la historia de Buffett, esa es See’s Candies. En 1972, Buffett y Munger compraron esta pequeña fábrica de bombones de California por 25 millones de dólares. En aquel momento, parecía una locura pagar tanto por una empresa que no tenía grandes fábricas ni tecnología punta. Sin embargo, See’s Candies tenía algo que no aparecía en los libros de contabilidad: el amor de sus clientes.
Buffett se dio cuenta de que, si un chico le regala una caja de bombones a su novia por San Valentín y ella le da un beso, ese chico no va a comprar otra marca más barata el año siguiente para ahorrar cincuenta céntimos. Eso es el poder de marca. Gracias a See’s Candies, Buffett aprendió que un negocio que puede subir los precios cada año sin perder clientes es una mina de oro. Desde entonces, esta empresa ha generado más de 2.000 millones de dólares en beneficios que Buffett ha podido usar para comprar otras compañías. Fue la prueba de que la calidad importa más que el precio bajo.
American Express: sangre en las calles y una oportunidad de oro
A mediados de los años 60, American Express se vio envuelta en un escándalo financiero gigantesco conocido como el “fraude del aceite de ensalada”. Básicamente, una empresa les había engañado usando tanques que supuestamente tenían aceite pero que en realidad estaban llenos de agua. Las acciones de American Express se desplomaron. El pánico era total y los inversores vendían sus acciones como si la empresa fuera a desaparecer mañana.
¿Qué hizo Buffett? En lugar de asustarse, se fue a los restaurantes y hoteles de su ciudad. Se sentó cerca de las cajas registradoras y observó. Se dio cuenta de que la gente seguía usando sus tarjetas y cheques de viaje de American Express con total normalidad. El problema legal no había dañado la confianza del consumidor en la marca. Buffett entendió que el “foso” de la empresa seguía intacto y que la caída del precio era una oportunidad temporal. Invirtió una parte enorme de su capital y, en pocos años, multiplicó su dinero de forma espectacular. Esta es la esencia de su filosofía: ser valiente cuando los demás tienen miedo.
El idilio eterno con Coca-Cola
La historia de Buffett con Coca-Cola es casi poética. Empezó a comprar acciones en 1988, poco después del famoso “Lunes Negro” donde la bolsa se hundió. Muchos pensaban que ya era tarde para invertir en una empresa tan grande y madura. Pero Buffett hizo un cálculo sencillo: cada día se consumen miles de millones de porciones de productos de Coca-Cola en el mundo. Si la empresa lograba ganar tan solo un céntimo más por cada una de esas porciones, el beneficio sería astronómico.
Buffett no compró Coca-Cola por lo que valía ese año, sino por el concepto de share of mind (cuota de mente). El refresco está tan metido en la cultura popular que es casi imposible de sustituir. Hoy en día, Berkshire Hathaway recibe cientos de millones de dólares solo en dividendos cada año por parte de Coca-Cola. Es decir, la empresa le paga a Buffett una fortuna simplemente por ser el dueño de sus acciones, sin que él tenga que mover un dedo.
GEICO y la magia del dinero “gratis”
GEICO es quizás la pieza más brillante de su imperio. Buffett se obsesionó con esta aseguradora de coches porque funcionaba de forma directa, sin agentes intermedios, lo que la hacía mucho más barata que la competencia. Pero lo que realmente le fascinaba era el float. Las aseguradoras cobran las primas por adelantado y solo pagan cuando hay un accidente. Mientras tanto, ese dinero se queda en manos de la empresa.
Buffett utilizó el dinero de los clientes de GEICO para invertirlo en otras empresas. Es como si te prestaran dinero a interés cero (o incluso que te paguen por guardarlo) para que tú lo inviertas y te quedes con los beneficios. Gracias a GEICO, Buffett tuvo un flujo constante de capital que le permitió ser el agresivo inversor que conocemos hoy. Para él, GEICO es la “joya de la corona” porque es la máquina que imprime el dinero que luego él multiplica.
Apple: el gigante que rompió sus reglas
Durante décadas, Buffett dijo que no invertía en tecnología porque no la entendía. Sin embargo, en 2016 empezó a comprar acciones de Apple de forma masiva. ¿Qué había cambiado? Buffett no vio a Apple como una empresa de ordenadores o móviles complicados. La vio como la empresa de productos de consumo más potente del mundo.
Se fijó en que la gente está tan unida a su iPhone que lo consideran una extensión de su propio cuerpo. Si alguien tiene un iPhone, es muy probable que su próximo teléfono también sea un iPhone, que use unos AirPods y que pague por almacenamiento en la nube. Ese ecosistema es un foso defensivo casi imposible de saltar para la competencia. Apple se ha convertido en la mayor posición de su cartera, demostrando que incluso a los 80 años, un buen inversor sabe adaptar su visión si los hechos cambian.
Los errores del maestro: lecciones de humildad
A menudo, cuando miramos a figuras como Warren Buffett, tendemos a pensar que tienen una especie de bola de cristal o que nunca se equivocan. Sin embargo, la realidad es mucho más humana y, por tanto, mucho más interesante. El propio Buffett suele decir que ha cometido errores de “miles de millones de dólares”, y lo más increíble es que los explica con total transparencia. Para un inversor que está empezando, entender estos fallos es casi más valioso que estudiar sus aciertos, porque nos enseñan que incluso el mejor del mundo puede perder el norte si se deja llevar por el orgullo o la falta de previsión.
El pecado original: comprar Berkshire Hathaway por despecho
Es una de las ironías más grandes de la historia financiera: la empresa que hoy es un imperio mundial, Berkshire Hathaway, fue en su origen el peor error de Buffett. A principios de los años 60, Berkshire era una empresa textil que se estaba hundiendo porque la fabricación de ropa en Estados Unidos ya no era rentable. Buffett empezó a comprar acciones porque estaban muy baratas, aplicando la técnica de la “colilla de puro”.
El error no fue comprar las acciones, sino lo que hizo después. El gerente de la empresa le ofreció comprarle sus acciones a un precio determinado, pero cuando llegó la oferta formal por escrito, el precio era unos pocos centavos menor de lo acordado. Buffett se enfadó tanto por ese engaño que, en lugar de vender y marcharse con su beneficio, decidió comprar toda la empresa solo para poder despedir al gerente. Al final, se quedó “atrapado” durante veinte años gestionando un negocio textil que no paraba de perder dinero. Él estima que si hubiera invertido ese dinero directamente en buenos negocios desde el principio, hoy tendría cientos de miles de millones más. La lección aquí es clara: nunca tomes decisiones financieras basadas en el ego o la venganza.
Dexter Shoes y el desastre de pagar con “oro”
Si el error de Berkshire fue por orgullo, el de Dexter Shoes en 1993 fue un error de cálculo técnico y estratégico. Buffett compró esta empresa de calzado pensando que tenía una ventaja competitiva sólida. Sin embargo, no vio venir que la competencia de países con mano de obra más barata arrasaría con la industria del calzado en Estados Unidos. En pocos años, el valor de Dexter Shoes pasó a ser cero.
Pero lo que convirtió a esta inversión en una catástrofe no fue solo que el negocio fuera malo, sino cómo lo pagó. En lugar de usar dinero en efectivo, Buffett entregó acciones de Berkshire Hathaway a los dueños de Dexter Shoes. En aquel momento, esas acciones valían unos 433 millones de dólares. Hoy, esas mismas acciones valen más de 8.000 millones. Es como si hubieras comprado un coche de segunda mano que se rompe a la semana, pero lo hubieras pagado entregando un cuadro original de Picasso. Buffett lo describe como su peor error porque regaló “oro” (sus propias acciones) a cambio de “humo”.
ConocoPhillips y la trampa del optimismo en las materias primas
En 2008, justo antes de que la crisis financiera estallara con toda su fuerza, Buffett cometió un error clásico de principiante: comprar cuando los precios están en lo más alto. Invirtió una fortuna en ConocoPhillips, una empresa petrolera, cuando el precio del barril de petróleo estaba por las nubes. Él pensaba que los precios seguirán subiendo o se mantendrían altos.
Poco después, el precio del petróleo se desplomó y la inversión perdió una parte enorme de su valor. Buffett admitió que no consultó con nadie y que se dejó llevar por un optimismo injustificado sobre los precios de la energía. Este error nos enseña que, por muy experto que seas, nadie puede predecir con exactitud hacia dónde irán los precios de las materias primas (como el petróleo, el oro o el gas) a corto plazo, y que comprar cerca de los máximos históricos suele ser una receta para el desastre.
Los errores de omisión: lo que no compró
A veces, los errores más costosos no son los que aparecen en tu cuenta bancaria como pérdidas, sino los que nunca llegaste a realizar. Buffett llama a esto “errores de omisión”. Durante años, Buffett tuvo la oportunidad de invertir en empresas como Google (Alphabet) o Amazon. Él mismo admite que veía cómo los clientes de Google hacían clics en los anuncios y cómo Amazon estaba cambiando el comercio, y entendía que eran negocios con fosos económicos increíbles.
Sin embargo, se quedó fuera porque no encajaban en su definición tradicional de “valor” o porque le asustaba la tecnología. Al final, el coste de no haber invertido en estas empresas cuando estaban empezando ha sido mucho mayor que las pérdidas que tuvo en Dexter Shoes. Para nosotros, la lección es que el mundo cambia y que, aunque debemos mantenernos dentro de nuestro círculo de competencia, también debemos tener la humildad de reconocer cuándo un nuevo modelo de negocio es superior, aunque no use chimeneas ni fabrique bombones.
IBM y la falsa sensación de seguridad
En 2011, Buffett sorprendió al mercado invirtiendo miles de millones en IBM. Argumentó que era una empresa de servicios con clientes muy fieles que nunca se cambiarían a la competencia. Parecía el tipo de “foso” que a él le gustaba. Pero el mundo de la tecnología se mueve mucho más rápido que el de las bebidas gaseosas.
Mientras IBM se centraba en su modelo antiguo, empresas como Amazon o Microsoft le ganaban la partida en la “nube” (cloud computing). El foso de IBM se evaporó mucho más rápido de lo que Buffett previó. Tras varios años de rendimientos mediocres, decidió vender la mayoría de su posición y admitir que se había equivocado al analizar la capacidad de la empresa para adaptarse. Este error subraya que ninguna ventaja competitiva es eterna, y que hay que estar vigilando constantemente si el “castillo” que hemos comprado sigue estando bien protegido o si los enemigos han construido un túnel por debajo.
Consejos de Warren Buffett para el inversor particular
Si quieres empezar a invertir siguiendo los pasos del maestro, no necesitas tener millones de euros. Sus consejos son universales y aplicables a cualquier escala:
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Invierte en ti mismo: Buffett siempre dice que la mejor inversión que puedes hacer es en tu propia formación y salud. Tus habilidades son algo que nadie te puede quitar, ni la inflación ni los impuestos.
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Sé temeroso cuando otros son codiciosos y codicioso cuando otros tienen miedo: Esta es su frase más famosa. Cuando todo el mundo está comprando eufórico (como en las burbujas), es cuando hay que tener cuidado. Cuando hay pánico y todo el mundo vende, es cuando aparecen las mejores oportunidades.
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No mires la cotización a diario: Si compraste un negocio porque es bueno, no debería importarte si hoy su precio baja un 2%. Buffett dice que solo deberías comprar algo que estarías feliz de mantener aunque cerraran la bolsa durante diez años.
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Busca la sencillez: No compliques tus inversiones con productos derivados extraños o estrategias que no entiendes. Según la CNMV, es fundamental conocer los riesgos y el funcionamiento de cualquier producto financiero antes de poner un solo euro en él.
El estilo de vida de un multimillonario atípico
Lo que hace a Buffett un personaje fascinante es su sencillez. A pesar de ser uno de los hombres más ricos del mundo, vive en la misma casa que compró en 1958 por unos 31.000 dólares. Desayuna casi todos los días en McDonald’s y su menú depende de cómo se haya levantado la bolsa: si el mercado sube, se permite el desayuno más caro; si baja, elige el más barato.
No gasta dinero en lujos extravagantes porque entiende perfectamente el concepto de coste de oportunidad. Cada euro que gasta hoy en algo innecesario es un euro que no podrá multiplicarse por el interés compuesto durante las próximas décadas. Esta frugalidad no es tacañería, es una comprensión profunda de las matemáticas financieras.
El legado y la filantropía
Buffett ha prometido donar más del 99% de su fortuna a causas benéficas, principalmente a través de la Fundación Bill y Melinda Gates. No cree en las dinastías de riqueza y quiere que sus hijos tengan lo suficiente para hacer cualquier cosa, pero no lo suficiente para no hacer nada.
Su legado no será solo el dinero que acumuló, sino la forma en que democratizó la inversión. A través de sus cartas anuales y sus juntas de accionistas en Omaha (apodadas el “Woodstock para capitalistas”), ha enseñado a millones de personas a pensar de forma racional, a ser pacientes y a entender que la bolsa es un mecanismo para transferir dinero de los impacientes a los pacientes.
Preguntas frecuentes sobre Warren Buffett
¿Es demasiado tarde para invertir como Warren Buffett?
Para nada. Aunque el mercado ha cambiado y ahora hay mucha más tecnología, los principios de comprar negocios sólidos a buen precio y dejarlos crecer a largo plazo son universales. La naturaleza humana no cambia, y Mr. Market seguirá teniendo días de depresión donde ofrecerá oportunidades.
¿Por qué Buffett no invierte en criptomonedas?
Buffett prefiere los activos productivos, es decir, cosas que producen algo (como una granja que da comida o una empresa que da beneficios). Para él, el Bitcoin no produce nada; solo esperas que alguien te pague más de lo que tú pagaste por él, lo cual considera especulación, no inversión.
¿Cuál es el libro favorito de Warren Buffett?
Sin duda, “El inversor inteligente” de Benjamin Graham. Buffett ha dicho que leer este libro cambió su vida y que los capítulos 8 (sobre Mr. Market) y 20 (sobre el margen de seguridad) son los cimientos de su éxito.
¿Cómo decide Buffett cuándo vender una acción?
Su periodo de mantenimiento favorito es “para siempre”. Solo vende si el negocio pierde su ventaja competitiva (el foso se seca) o si necesita el dinero para una oportunidad mucho mejor. No vende solo porque el precio haya subido mucho.
¿Puede un inversor pequeño batir al mercado usando sus métodos?
Sí, y de hecho es más fácil para un inversor pequeño que para Buffett hoy en día. Al tener tanto dinero, Buffett solo puede comprar empresas gigantescas. Un inversor particular puede buscar “joyas” en empresas más pequeñas que no mueven la aguja para Berkshire Hathaway pero que pueden crecer muchísimo.